
Recuerdo que cuando el rubio me hizo trizas decidí ponerle un “stop” a mi vida triste y patética, dejar de sufrir y de tomar cerveza para intentar ponerme en forma. Dieta estricta y gimnasio pleno para borrar las secuelas de mi dolorida decadencia fueron las que mostraron como resultado unos cuantos kilos menos y renovadas pilas. Si bien no lo había borrado totalmente, me sentí mujer de nuevo y la seguridad propia fue en ascenso.
Una de esas noches solitarias en que todas mis amigas salían con sus respectivos novios, decidí acompañar a mi mamá al Casino. Era una noche de suerte, de esas en que nos sentamos en la maquinita que no paraba de expender moneditas. Como mi mamá es una persona que no abandonan la tragamonedas hasta secarla, a medida que iba llenando baldecitos me mandaba a cobrar la suma en dinero. Elegí las cajas del fondo, no por decisión propia, si no porque quedaban más cerca y porque no estaba enterada de que había otras. Fui la primera vez y me atendió un morocho robusto y muy bonito, era Leo.
Leo:
Es la primera vez que te veo por acá, puede ser? (mientras sonreía y se hacía el galán)
Fem:
No sabía que ustedes tomaban lista o hacían un recuento de la gente que venía, pero es cierto, no soy de venir, solo acompaño a mi madre.
Leo:
Bueno, que tengas suerte. Estas por este nivel? Ah! Me llamo Leo.
Fem:
Un gusto Leo (y le dije mi nombre) No se donde voy a estar, me atengo a lo que mi mamá decida, pero la veo muy entretenida con la tragamonedas. Lamentablemente creo que tengo para rato. Adiós.
Cuando llegué al lugar donde estaba mi madre, ya tenía preparados dos baldecitos más colmados de moneditas, las que me mandó a cambiar al instante para no “tentarse” y correr el riesgo de perderlas.
Fem:
Bueno, nuevamente aquí me tienes (completamente sonrojada de la vergüenza)
Leo:
Debe ser el destino. Parece que es su noche de suerte. Ojala sigas viniendo a cambiar monedas.
Fem:
Esperemos que mi mamá se canse así me voy rápido. No soporto este ruidito constante de las maquinitas. Adiós nuevamente.
En definitiva, fui más de cuatro veces a cambiar monedas, a la quinta la mande a mi mamá explicándole la situación engorrosa en la que sin darse cuenta me había metido.
Cuando nos dignamos a retirarnos del lugar siento que Leo me toca el hombro. Me preguntó el nombre y me dio su teléfono y, como supo que no lo iba a llamar jamás, la hizo reír a mi mamá con comentarios galanes y me sacó el mío. Yo no tenía nada que perder, estaba sola y aburrida. No me iba a molestar que me llamara. Así fue. Al otro día a la tarde me llamó por teléfono para invitarme a salir. Se ve que la negativa de mi parte no le interesó y me siguió llamando durante una semana y media hasta que cedí.
Salimos un par de veces. Un mes para ser precisa. A las dos semanas quiso formalizar. Era muy dulce, detallista y estaba muy bueno. Le dije que probáramos. Las cosas iban de diez. Tuvimos buen sexo como era de esperarse.
Una noche salgo con mis amigas y me encuentro con el rubio totalmente ebrio. En pocas palabras, me recalcó lo sorpresivamente linda que estaba, me pidió perdón, admitió que estuvo mal y surgió una impronta. Le dije que no estaba sola, que estaba con un chico bueno que me hacía bien. Me dijo que si volvía con él se pondría las pilas para intentar algo bueno. Le dije que lo iba a pensar. Si, soy la más estúpida. Fuimos a mi casa y él se quedó a dormir en el sillón, no pasó nada, ni siquiera un piquito. Al otro día le hice el desayuno y al mediodía se fue. Comencé a confundirme mucho.
En la semana Leo me llamaba todo el tiempo, con cada llamado se escuchaba de fondo el aturdidor sonido desagradable de las maquinitas. Salimos otra noche y fuimos a un telo después de cenar.
Me acosté en la cama haciéndome la Coca Sarli y él me dijo que iba al baño. Mientras esperaba comencé a sentir sonidos. Fue esa flatulencia imponente lo que me hizo dejarlo. Por un día de diarrea y la confusión que el rubio había generado días antes dejé al chico. Pero ese sonido me dio tanta impresión! Lo juro! La tabla del inodoro hizo un efecto eco. Eso no sonaba normal! Al otro día terminé la pseudorelación y, bien idiota, lo llamé al rubio. Que me contestó? Que estaba ebrio ese día y que no se acordaba bien lo que habíamos hablado aquella noche. Que lo perdonara.
CONCLUSIÓN: Leo llorando por mí y yo también por mi, por lo boluda que fui otra vez.
Estoy subiendo textos que encontre de pedo en mi pc. Son viejos, de cuando perdí el blog anterior. No quejas de que ya lo habían leido!!! jajajaj
ResponderSuprimirvolviste! que bueno! espero que todo ande mas q bien. Besos!!
ResponderSuprimirHola muñeca! si! en unos días subo algunas cosas nuevas!!! muchos besos!
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